La Novela. Prólogo
WORTY
PRÓLOGO
Cuando uno comience a leer este legajo lo primero que se dirá será algo así como “¡oh, no!, otra novelilla de mundos raros con criaturas impronunciables, reinos olvidables y tramas inaguantables”, pero que no cunda el pánico, en la página nueve ya retornamos a la realidad, el mundo que conocemos (eso siempre que alguno de ustedes haya estado en Iowa, Estados Unidos, o en medio de los campos de Cuenca, que viene a ser lo mismo) y ya no abandonaremos dicho mundo en casi ningún momento.
Lo siguiente en advertir el lector será que la historia como que es un poco simplista, lógico si tenemos que todo este escrito es en realidad una readaptación de la original, la cual resultaba de difícil lectura, no por estar en latín si no por ser un verdadero compendio de faltas de ortografía, expresiones nefastas, frases mal construidas y por si fuera poco con doscientas hojas extraviadas (afortunadamente existía una copia en Madrid y pude rescatarla); y la novela original encima fue escrita cuando tenía dieciséis años lo cual demuestra una madurez intelectual de la que hago gala en toda la novela, es decir, ninguna.
Este era mi tercer intento de escribir algo, el primero era incompleto e imposible y el segundo un proyecto de emular a Lovecraft que se quedo en poco menos que una novela serie B que ríete tú de “Piraña 2” o “A ver si puedo olvidar lo que hicisteis el último verano 4”, intentando por un lado homenajear todo el cine que había masticado hasta la época (me encanta el cine), aunque más bien la palabra me da que es plagiar (y encima ahora la piratería es delito) así como una parodia en si de cómo percibía yo la vida de los americanos en base a las series y películas que veía; todo ello aderezado por mi rechazo habitual al mundo de los superhéroes, que no es que no me gustasen, es que simplemente a mi eso de que los malos fuesen malos malísimos y los buenos buenísimos por que sí no me convencía.
Aún recuerdo una escena de Indiana Jones en su tercera entrega, años más tarde de esta novela, en la que Indy mataba a tres jóvenes alemanes, nazis malísimos para justificar tanta violencia, y no pude por menos que pensar “¿y si yo fuera uno de esos alemanes reclutados en mi país obligado por el impulso de “que dirán si no lo hago”?, ¿me haría gracia entonces que este americanote me matase así por las buenas?” (no obstante recordemos que eran nazis).
Hombre, el problema, evidentemente, soy yo que intento razonar sobre cosas simples, es decir, en los tebeos de superhéroes, en las películas y en la trilogía de “la guerra de las galaxias” hay buenos y malos, y si quieres ver algo con mensaje oculto y profundo además de trasfondo intelectual ponte a ver algo de Fellini, no pretendas que en una película o tebeo de diversión te hagan una reflexión sobre la existencia del alma inmortal.
Pero el caso es que al final acabé plasmando mis inquietudes en esta novela que hube de readaptar por varias causas aparte de la desastrosa forma en la que estaba escrita. Había que dar coherencia a ciertas partes que estaban agarradas con alfileres, cambiar la descripción de los personajes, es decir, al lector le interesará más como es cada uno que saber si es rubio y lleva gomina, quitar partes realmente irrelevantes de la historia, añadir alguna modificación, casi siempre para dar algo más de coherencia a esta locura y por supuesto intentar reducir el número de hojas, por si el día de mañana resulto ser un escritor de culto que a los pobres estudiantes de literatura no les toque leerse un tostón de seis mil páginas y lograr con ello que mi madre sea el ser más mentado en los institutos de enseñanza en España.
Los ingredientes eran sencillos, crear un superhéroe, ubicarlo en un lugar que nos resulte familiar a los que veíamos películas y series de televisión, decorarlo con todos los topicazos habidos y por haber y por último, si no era mucha molestia, desarrollar una historia lo más absurda e incongruente posible y una historia de amor inevitablemente “cursi”.
El héroe fue fácil de diseñar en una época en la que florecían galanes como Terminator (no la había visto cuando comencé a escribir la novela) y Robocop (desearía no haberla visto) de quien tomé el espíritu de mi héroe, convirtiéndole en algo que ni era mecánico del todo ni humano del todo, aunque el molde que más se ajustaba a Worty era en realidad Marty y su De Lorean en la siempre agradable de ver “Regreso al futuro I” sólo que Michael J. Fox era más simpático que mi engendro. Luego le añadí el equipamiento de serie de todo héroe, donde lo que si reconozco haber copiado con descaro total es la enorme pistola, modificada pero sacada en esencia, de la película “Critters” además de la espada Excalibur, con decenas de cacharros raros, algunos de los cuales cambian de nombre en la readaptación, como los hipermuelles que pasan a ser hiperimpulsores porque la primera palabrota me recordaba más al “inspector Gadget” que a un equipamiento de héroe serio de tebeo. Por supuesto un compañero de aventuras, pero nada de amigo sin gracia vestido con mallas verdes y que se pasase toda la novela diciendo tonterías, para eso ya estaban los protagonistas, así que le asigné un vehículo parlanchín y con un computador de última tecnología que fue mejorado y robado a un personaje de un proyecto de novela mía no escrita (Arthur y Dorothy, donde Arthur era un policía americano con un coche que poseía un simple ordenador que podía mantener conversaciones), aunque posteriormente la aparición de “El coche fantástico” supuso un jarro de agua fría hacia mi gran invento... descubrí horrorizado que en otros lugares del mundo había gente que tenía en la cabeza idioteces parecidas a las mías, sin duda el fin del mundo andaba cerca y con el estreno de “El equipo A” no me quedó ya el menor atisbo de duda.
Una vez creado el héroe había que ubicarlo y el mejor lugar era los Estados Unidos, que todos conocíamos de las series y las películas que nos bombardeaban continuamente, pero una zona que me permitiera hacer lo que me diese la gana. Iowa era el lugar perfecto, pertenece a los Estados Unidos y ni dios ha estado allí salvo que su vuelo hubiera tenido que hacer algún aterrizaje de emergencia en la zona.
En ese marco medio rural medio urbano centré la historia acompañándola de todos los topicazos de los que pretendía burlarme, creando así Marytown, un lindo pueblo del medio oeste norteamericano, con su instituto de enseñanza, sus alumnos preparando el baile anual, la protagonista femenina ingenua y de curvas perfectas, la madre con el contrapunto intelectual y el carácter, el estudiante matón, el estudiante gracioso, el posible novio capitán del equipo de béisbol obsesionado con las mujeres y el deporte y toda esa amalgama de personajes genuinamente irrelevantes que nos tragábamos en todas las series que veíamos, a los que se añadían los venidos de la ciudad: militares déspotas o destructivos, policías duros y de métodos expeditivos, científicos locos de remate, agentes secretos sin escrúpulos y un largo etcétera que no eran otra cosa que mis amigos de la época cambiados de nombre y reconvertidos en personajes de mi novela.
Luego venía la historia, la pelea de todas las fuerzas vivas de la Tierra contra un ser ajeno a nuestro planeta en dura pugna por la posesión de un tebeo que predice el futuro (años después en la serie “Héroes” encontramos algo parecido), con el clásico desfile de decenas de personajes cuyas tramas se van entrecruzando y donde ni los buenos son en realidad tan buenos ni los malos son malos por naturaleza, lo siento, a mi la tendencia habitual de las películas americanas me desagrada, siempre encontramos al niño que de pequeño tiene la aspiración de ser terrorista y cuando llega a grande logra su sueño a base de ser malo, decir fantasmadas y no matar al bueno cuando tiene oportunidad. Así el general Wimbert, candidato número uno a malo, pretende en realidad conseguir lo que cree mejor para su país en medio de su fanatismo, el policía Schneider no pretende concluir su misión para ganarse una medalla, sólo quiere proteger a su ex familia y regresar a su ruinosa vida de borracheras, Pamela, la guapa de la novela, parece más preocupada por el baile anual que por cualquier otra cosa y Worty, el personaje central, en teoría es el defensor de la humanidad pero por una parte le importa un comino y encima su misión primigenia le lleva a asegurarse la destrucción del planeta, francamente, será el protagonista y lo que se quiera, pero como triunfe nos espera un futuro más negro que su traje.
Toda esta mezcla de personajes e historias cruzadas va de topicazo en topicazo hasta que se acaban los argumentos y comienza la parte que toda historia del cine americano suele llevar implícita: persecuciones, bofetones a mansalva y tiros para destrozar un país varias veces, todo ello con un final apoteósico de pirotecnia y sensiblería barata y una segunda parte (hasta en eso pretendía parodiar al cine y las malditas secuelas) incluida en la novela donde invierto la dinámica de la historia, que pasa a ser de persecuciones, bofetones y tiros a ser de tiros, bofetones y persecuciones. Ante todo originalidad.
Naturalmente pretendía hacer una novela graciosa y llena de inventiva pero por desgracia con dieciséis años no andaba yo muy fino y claro, lo que con esas edad me parecía gracioso ahora me provoca nauseas, algo así como el que cuando era pequeño se fascinó con “La fuga de Logan” y al verla quince años después se pregunta como diablos pudo tragarse esa película infumable con gentes del futuro llevando pantalones de campana y patillas espantosas. Podía haber añadido miles de bobadas nuevas para hacerla realmente graciosa, pero eso era cargarme el sentido original de la novela y su verdadera naturaleza, la readaptación sólo debía eliminar o modificar las incoherencias, las expresiones equivocadas, las faltas de ortografía y las partes irrelevantes que provocaran más bostezos de los necesarios... y así concluí esta versión revisada de la que fue mi última novela para pasar a escribir ya con mi estilo propio la siguiente (bueno, si luego la gente dice que no tengo estilo es otra cosa, pero luego si les pego un puñetazo en un ojo no me llamen rencoroso), la cual cambiaré de título porque con la cascada de cosas que han salido de templarios mejor buscar otro encabezamiento.
Los cambios afectan especialmente al Rex Schneider, que pasa de policía a agente federal con los suficientes recursos para continuar con la misión hasta el final, los diálogos críticos de Worty con respecto a religión, la guerra o las tendencias insolidarias de la humanidad desaparecen de un plumazo, Worty defendía en el panfleto original posturas muy críticas cuando en realidad es un personaje neutro al que le da igual lo que haga la humanidad, así que traslado a Pamela las escasas críticas o comentarios y de una manera muy superflua.
En el aspecto de las escenas de acción (no puedo ocultar que cuando escribo en realidad siempre lo hago como si lo que estuviese narrando es una película y no una novela) acorté muchas partes, especialmente la interminable batalla del edificio “Monroe”, donde el héroe se enfrentaba a un adversario, luego a otro, luego a un tercero y así sucesivamente hasta hastiarme a mí y no te digo al lector (vale, cada adversario era de un color diferente y pegaba de una manera diferente pero era todo el rato lo mismo). En ese aspecto es cuando uno descubre que pueden pasar mil cosas que si no cuentas nada nuevo al final cansan, por lo que pegué un terrible tijeretazo a las doscientas páginas que ocupaba esa insufrible lucha de titanes lo que explica que de las 1400 hojas originales nos quedemos en apenas 950.
Por supuesto el tema principal seguía siendo el mundo de los héroes, ese mundo ideal de grandes guerreros repletos de extraordinarios sentimientos e indescriptibles poderes que consiguen tiempo para conciliar vida familiar con el desafío que supone enfrentarse a seres viles y perversos cuya única aspiración es matarle y convertirse en el amo del mundo mundial.
Así que reconvertí mi héroe en un tipo orgulloso de si mismo y de lo que es, lo que le convierte en un prepotente, ligeramente asqueado de su función, proteger a unas criaturas, los humanos, que a su juicio son frágiles, traicioneras y no merecen siquiera que se les preste la más mínima atención; repleto de accesorios de todo tipo que con el que cumple con su misión y que van apareciendo a medida que se van necesitando, un compañero infalible con el que mantiene continuas discusiones sobre los criterios a seguir, un cuerpo técnicamente indestructible que sufre golpes y mamporros por todas partes, unos planes que no funcionan desde el principio, una sutileza absoluta que provoca más daño y destrucción que el bien que se presupone que debe administrar. Todo ello con una misión principal que nada más comenzar la novela pasa a segundo plano para una lucha por intereses personales entre él y las facciones que se le oponen, decenas de cabos sueltos que complican los planes, la intervención de personajes que enredan más aún el asunto, como los hermanos del héroe, más peligrosos que el propio héroe en su periplo por la Tierra y unos malos que, para no variar, están continuamente peleados entre ellos y destrozan cualquier lugar que visitan en un claro homenaje a las películas de terror de la “Hammer” que siempre acababan con el castillo o casa de los horrores ardiendo.
Naturalmente, como toda novela con viajes en el tiempo hay que ser muy cuidadoso en los acontecimientos y explicar muy bien las causas de esos viajes, los resultados de éstos y las circunstancias que lo rodean de forma que no se produzcan incongruencias ni paradojas temporales. Naturalmente como en las series y películas americanas (salvo excepciones) pasan un kilo de darle sentido a estos temas pues yo me apunto a la moda, doy mi versión de cómo funcionan los viajes en el espacio tiempo y al que no le guste que se lea a Isaac Asimov o a Carl Sagan, porque si ellos escribían de ciencia ficción tras muchas películas averigüé que existía una rama que me apasionaba, la choteo ficción, de la que soy aventajado alumno.
En definitiva, Worty sólo fue una manera de pasar el rato por las tardes, de rendir culto a todo ese cine malo que durante años mastiqué sin queja alguna, de mandar al carajo a los héroes embutidos en mallas azules con los calzoncillos por fuera y de demostrar que en las historias no hay buenos ni malos si no gentes que tienden a lo uno o a lo otro según sus circunstancias personales. Mi única espina fue no saber que Harry Potter iba a existir, de haberlo sabido, en vez de a Marytown hubiera mandado a mi Worty a romperle las gafas al dichoso niñato inglés, aunque nunca es tarde para una tercera parte. Lo malo es que la señora Rowling vende millones y a mi me da que no voy a seguir su mismo camino, pero que conste que la calidad de las novelas es la misma, la diferencia es que ella escribe en inglés J.
Disfrútenla.
(Si no gusta recordar que el contenedor azul es el de papel y cartones, al menos seamos ecológicos).
¿Qué dicen las críticas?:
“Una novela impactante, sobre todo si te cae sobre la cabeza”
El País – 15 de Octubre de 1998
“Si la lees al revés dice lo mismo que al derecho, nada”
El Mundo – 11 de Noviembre de 1998
“Genial, sublime, espectacular”
Diario de Tomelloso – 04 de Febrero de 2000 (es que aquí trabaja un amigo).