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INSTITUTO METEOROLÓGICO DE MANSFIELD
CERCANIAS DE MANKATO (MINESSOTA)
A ESA MISMA HORA
Roger Brown seguía apoyado sobre una de las múltiples consolas que emitían datos de una forma frenética y continua en la oscura sala, iluminando con sus mortecinos resplandores su escasamente afeitada tez y dándole cierta apariencia fantasmagórica, al igual que a todos los demás técnicos, aunque ninguno de ellos, tan absortos como estaban en sus tareas, parecía fijarse en ese aspecto.
El meteorólogo aspiró profundamente varias veces mientras asimilaba lo que para un profano no serían más que números y gráficas sin sentido pero que para él era como mirarse en un espejo, no había nada que escapara a su atenta mirada y nada le distraía salvo quizá ese olor a mobiliario nuevo que aún no había abandonado la sala del recién inaugurado recinto desde el que se emitían las predicciones del tiempo de la zona norte del país.
Aquel era de momento el mejor centro meteorológico en cuanto a tecnología ya que en lo que se refería a cualificación del personal pese a tener parte de lo mejor de lo mejor había otras instalaciones con personal mucho más preparado, pero en cualquier caso la falta de veteranía de muchos de sus miembros la compensaba el hecho de tener equipos que podían marcar la diferencia, no sólo con el resto de estaciones del país si no con las del resto del mundo.
Y sin embargo, pese a su dilatada experiencia como profesional y los miles de análisis que se hacían diariamente junto con el aporte de todo tipo de datos estaba ocurriendo algo que le tenía absolutamente perplejo y para lo que necesitaba respuestas cuanto antes que dar a sus superiores cuando requiriesen información de la causa de no haber cumplido con lo que se suponía debían de cumplir, predecir el tiempo.
Resopló mientras miraba aquel sin sentido que todas las pantallas le mostraban y aunque no tenía ni la más remota idea de a que se estaban enfrentando si sabía lo que sus ojos le mostraban, una gigantesca banda nubosa al suroeste de los grandes lagos cubriendo con su gran manto los estados de Minnesota, Illinois, Iowa y Wisconsin, girando continuamente sobre si misma y convirtiéndose en algo que no podía estar ahí, que no debía estar ahí: un huracán.
- Tiene que haber algún error – Musitó con un tono casi imperceptible - ¿Cómo es posible?.
- Ya hemos revisado el hardware y el software principal, señor – Le dijo por encima del hombro uno de sus ayudantes extendiéndole un puñado de papeles donde quedaba certificada tal comprobación – Y los dos aviones de reconocimiento acreditan la presencia de la banda nubosa y vientos cada vez más fuertes. La imagen del satélite es correcta y las lecturas son todas fiables, señor.
Roger cerró los ojos como si al hacerlo pudiera nuevamente abrirlos y ver desaparecer aquel imposible de su vida.
- ¿Me está diciendo que en una hora se ha formado un huracán de la nada en pleno norte interior de los Estados Unidos?.
El ayudante titubeó unos instantes pues no sabía si era una pregunta directa o retórica, pero finalmente decidió que le daba igual ya que aquello era evidente y no iba a ser él quien tuviese que explicar a las autoridades jerárquicas aquella inverosímil situación.
- Todas las lecturas apuntan a eso señor, de seguir ese ritmo de crecimiento podemos decir que estará en su apogeo en aproximadamente una hora.
- ¡Imposible! – Bramó Roger - ¿Cómo demonios vamos a evacuar a toda esa gente en tan poco tiempo?.
- ¿Avisamos ya, entonces? – Preguntó el ayudante esperando una orden directa para pasar al plan de emergencia previsto.
- ¿Avisar de que se está formando un huracán donde no puede formarse y que va a arrasar casi cuatro estados sin que esta mañana siquiera tuviésemos algún dato al respecto y las condiciones climatológicas resultasen casi veraniegas?. ¡Esto es de locos!.
El ayudante se limitó a asentir y a encogerse de hombros. La verdad es que no apostaría ni un dólar por el puesto de Brown ya que tenía toda la razón, un huracán no se forma en el continente, su génesis es lenta y no espontánea y además ni tan siquiera estaban en temporada de huracanes; pero lo único cierto es que todo el instrumental y sus lecturas, las fotos del satélite y las observaciones de los aviones indicaban sin margen de error que lo que había sobre el centro de la zona norte de Estados Unidos era un inmenso huracán que de seguir adquiriendo velocidad destruiría una buena parte del país que para nada estaba preparada para eso... una cosa era un tornado ocasional y sus puntuales destrozos pero la inmensidad de un huracán le hacía exponencialmente más desastroso y destructivo. Roger Brown no tenía la culpa de aquel suceso inexplicable pero cuando Washington pidiera una cabeza que rodase para dar carnaza a los periodistas sería la de él.
- Señor – Dijo nuevamente el ayudante en espera de una orden sobre como actuar.
- Ni siquiera el calentamiento global puede causar esto – Volvió a pensar en voz alta – Póngame con Washington en cinco minutos – ordenó finalmente consciente de que ya daba igual lo que pudiera pensar. Aquello estaba allí y había que hacer algo, aunque ya fuera tarde.
En esos momentos otro de los operadores saltó de su asiento y llamó su atención.
- Señor, hay nuevas lecturas, la velocidad del viento está disminuyendo.
Roger casi bendijo en silencio. Seguía sin saber ante que nuevo fenómeno atmosférico se encontraban pero si se quedaba todo en un tremendo chaparrón al menos podría intentar salvar su puesto y los daños materiales y personales se reducirían completamente. Habría muchas quejas por la cantidad de millones de dólares invertidos en un centro incapaz de predecir una tormenta de considerables dimensiones, pero siempre era mejor eso que lamentar decenas de muertes y millones en pérdidas.
No obstante había que ser prudente, por mucho que el viento perdiera fuerza aquella imagen del satélite mostraba con toda nitidez un terrible frente nuboso circular con un agujero central, la definición exacta de un huracán y no había huracán alguno sin viento.
En ese momento su pantalla pareció parpadear y no sólo debió de ser la suya ya que varios de los técnicos a su alrededor saltaron hacia atrás en sus asientos perplejos por algo. Sin embargo lo que fuera fue momentáneo ya que la imagen se restableció, pero con un componente nuevo, una serie de números en rojo, que parpadeaban en la esquina inferior izquierda de la pantalla.
Roger alzó la vista y quedó perplejo al observar que todos los grandes paneles de la sala donde se mostraban las diversas imágenes y lecturas de forma amplificada mostraban exactamente lo mismo, una cifra parpadeante e un rojo intenso en el extremo inferior izquierdo de las pantallas.
- ¿Y ahora que es esto? – Se preguntó en voz alta.
- Ni idea, señor, sólo sabemos lo que pone, 4458-35/4 – Respondió uno de los técnicos.
- “Instrucción 4458-35/4” fue lo que se dibujo en la mente del meteorólogo antes de que decididamente se quitase los cascos de comunicación que llevaba puestos y se girase hacia su primer ayudante.
- Jeff, quiero esa llamada a Washington para ya mismo – Fue su tajante orden. No sabía que era exactamente pero su intuición ya le estaba avisando. Era algo del ejército.
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